¿Por que se dice que existió un vampiro de verdad en Lima?

Jacques Sattui, un personaje poco conocido de la Lima de los 90 del que se decía ser el último hematófago de la capital.4 min


Poco o nada podemos decir sobre vampiros, y no me refiero a los de Netflix u de otra plataforma streaming, sino uno de verdad. En la Lima de los 90, exactamente en el distrito de Lince, pululaba un personaje conocido como Jacques Rodolfo ‘Coco’ Sattui, Jaques para los amigos y vampiro para los vecinos. 

Casi metro noventa de estatura, con un dije de murciélago posado sobre el cuello, una capa caída sobre la espalda y una piel blanca pegada a los huesos. Sattui era un dandy esotérico de estilo sobreviviente de los 60, cuando Lima respiraba mucha poesía, ideas, música clásica y cuna de debates literarios y políticos, él no era ajeno -excepto en lo político, o al menos no queda registro- pues solía recurrir al ya olvidado bar Marcantonio de la Av. Arequipa a tocar el piano, entre su repertorio siempre solía estar Chopin, pero la turba invocaba a la Sonora matancera y Lucho Barrios. Sattui tocaba los pedidos hasta que el público termine de remojar la corbata en los vasos calientes de cerveza, y ahí era donde empezaba su verdadero concierto personal, los demás lo tomaban como un andayvete

Cuando alguna vez le consultaron sobre si pertenecía a una secta satánica, respondió: “De eso no se habla. El demonio está en la persona. Somos ángeles y demonios según uno quiera hacerse eterno. Algunos vecinos de Lince siempre lo veían caminando a medianoche y otros aseguraban que sus pasos se despegaban fácilmente del suelo, casi levitando. Sattui vivía en un segundo piso de la av. Arenales, con su piano, una biblioteca muy rica en literatura de la materia, ocultismo y quizá su autor preferido Allan Kardec. También contaba con un sin número de artículos esotéricos, jarrones antiguos, un cuadro suyo al estilo Dorian Gray. Se podría decir que era un museo, sino fuera por los 2 cráneos que te miraban como los mayordomos más atentos.

Foto: ElComercio

En una entrevista que tuvo el periodista Jaime Bedoya en su casa, Jacques le dijo mientras le mostraba el ambiente: “Este es el cuarto de servicio, ahí una vez se ahorcó un sirviente. De ese armario de roble algún día saldrá mi bisabuela. Murió de un infarto escondida luego de envenenar a veinte oficiales chilenos durante la ocupación de Chorrillos. Este es mi piano, me comunica con el más allá. Frente a este tocador mi tía se pegó un balazo cuando tenía solo 15 años. A veces veo su sangre en el espejo. Y esta es mi cama: aquí ha muerto toda mi estirpe y aquí moriré yo. Bienvenidos a mi estudioExcelente bienvenida para amedrentar al más curioso de los gatos.

Vivió en Europa, donde también llevó cursos de baile clásico y pedagogía. También vivió en Barranco y Miraflores. Fue amigo del historiador Raúl Porras Barrenechea, del Poeta Martin Adán, y fue un joven amante de una muy mayor Catalina Recavarren, quien, según algunos periodistas, Catalina vendría a ser “Catita” el cuarto amor de Ramón en la Casa de Cartón, novela escrita por un adolescente Martín adán.

Foto: Elcomercio

“Nosferatu” era otro de los apelativos con el que se le identificaba por esa antigua avenida Arenales. Nadie recuerda haberlo visto de día, pero todos lo recuerdan verlo desde la medianoche con sus pasos largos, con esa mirada seria. Algunos lo miraban con miedo, como si se estuvieran expuestos a ser hipnotizados por ente maligno.

En una ocasión contó sobre su cercanía con la muerte desde muy temprana edad. “Cuando niño, una de mis abuelas, aquella que se casó cuatro veces y hasta tuvo amores a porfía con un diplomático húngaro, una noche de verano me alzó para el beso de la despedida a la fría tía Margaritte que se hallaba depositada en su ataúd pirograbado. Ella dijo que era perentorio besarla para que su alma ligue sus goznes con el gel de la perpetuidad. Cuando me acercaron para el último beso, la tía Margaritte abrió los ojos y mi abuela quedó perennizada ahí mismo, pegando tal grito que se le ablandaron sus dedos y me dejó caer sobre el cadáver. En realidad, quedé atrapado para siempre de la muerte. En los ojos de mi tía descubrí dos abismos profundos, los más oscuros, los más sombríos. Eran evidentemente los ojos del infinito”motivo por el cual siempre que le preguntaban sobre su temor a la muerte, él atinaba a responder con un ofendido y molesto “Nunca”.

Foto: Elcomercio

Nunca supieron más de él ni de su cabello apelmazado, ni de su caminar despegado al suelo. No se sabe si pasó sus últimos días en aquella habitación del segundo piso de la Av. Arenales o en otro país. No se supo donde fue enterrado, ni cuando falleció -si es que falleció- aunque tampoco se supo mucho de su nacimiento. Como dirían los hombres de hierro de la serie Games of Thrones “Lo que está muerto no puede morir”.


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